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lunes, 24 de diciembre de 2012

La ambigüedad de la imagen (yIII): Realidad o fantasía





El carácter fantástico o realista de Ondine está construido desde la exclusiva composición del plano, sin presencia alguna de efectos visuales ni de retoques digitales en la imagen. Su director, Neil Jordan, recurre a menudo a variar los elementos dentro de un mismo cuadro para que su lectura cambie de forma automática. Una silueta oscura frente al mar o un hombre con una navaja. Un paisaje idílico de Irlanda o una cala de pescadores con barcas varadas. Una selkie en su elemento natural o una mujer que toma el sol en la costa. La libertad del cineasta convierte a Ondine en un pequeño experimento sobre la ambigüedad del séptimo arte, la ambigüedad de la percepción humana.











Ondine. Director y guionista: Neil Jordan. Intérpretes: Colin Farrell, Alicja Bachleda-Curus, Stephen Rea, Tony Curran, Dervla Kirwan. 111 minutos. Estados Unidos/Irlanda, 2009.

domingo, 16 de diciembre de 2012

La ambigüedad de la imagen (II): La selkie



Al igual que la turbia Dil de Juego de lágrimas (The crying game, 1992) o el pertinaz Patrick de Desayuno en Plutón (Breakfast on Pluto, 2005), la identidad de Ondine fluctúa en continuo movimiento ante nosotros. Una selkie francesa de tránsito en tierra firme o una chica extranjera que se oculta de la policía. Un enigma construido desde la naturaleza ambigua de sus imágenes.












Ondine. Director y guionista: Neil Jordan. Intérpretes: Colin Farrell, Alicja Bachleda-Curus, Stephen Rea, Tony Curran, Dervla Kirwan. 111 minutos. Estados Unidos/Irlanda, 2009.

martes, 11 de diciembre de 2012

La ambigüedad de la imagen (I)



Se aproxima entre ávidos rumores el último film del cineasta Neil Jordan –Byzantium (2012), que va a suponer su regreso a los círculos vampíricos– y recuerda uno que su anterior obra –exceptuando, entremedias, la serie televisiva Los Borgia (2011-2012)– aún permanece inédita en salas españolas así como en el socorrido formato doméstico. Ondine (2009), de hecho, apenas se ha visto en el extranjero y menos aún se ha valorado pues, en nuestra opinión, oculta una joya de discreta valía, una película pequeña como aquellos divertimentos irlandeses del maestro Ford, pero que reafirma a Neil Jordan en uno de los grandes narradores de historias de los últimos años, un maestro del lenguaje cinematográfico y de los múltiples códigos que conforman su capacidad textual.  

Ondine propone un argumento sencillo bajo el que Jordan hila, con silenciosa armonía, dos dimensiones semánticamente ambiguas; un cuento fantástico de inspiración celta y un drama de severo realismo en torno a sus temas recurrentes, a saber: el lado irracional de la existencia, la redención, la identidad, la pérdida, el escepticismo o la fe, la naturaleza, en fin, del ser humano sometido a unos designios impenetrables que actúan sobre él. Pero la habilidad insólita del cineasta estriba en reunir ambas líneas narrativas -la realidad y la fantasía- dentro del mismo plano, yuxtapuestas en la imagen mediante la capacidad icónica del séptimo arte. Ondine flota y zozobra durante sus dos horas como el barco del protagonista; atrayente y misteriosa, fantástica y sucia y abierta al juicio del espectador que debe decidir, en paralelo a sus personajes, si cree o reniega, si confía o teme, si considera que una persona puede cambiar su suerte sin la intercesión de los dioses, cuando esta se lo propone.

En la primera secuencia del film, la dimensión de lo real colisiona con una brecha fantástica sin solución de continuidad. Lo extraordinario que desordena y revuelve los límites de la realidad se convierte así en una lectura posible sobre los mismos sucesos objetivos. Desde el primer minuto de la película el narrador nos atrapa en su red de misterios y desarreglos perceptivos.




Ondine. Director y guionista: Neil Jordan. Intérpretes: Colin Farrell, Alicja Bachleda-Curus, Stephen Rea, Tony Curran, Dervla Kirwan. 111 minutos. Estados Unidos/Irlanda, 2009.